Acerca de una mascota
Fecha estelar 41.126,19
Capitán Dagon Nuwen al mando de la nave El rostro de Rorschach
En órbita alrededor de la Tierra
Al fin la ameba espacial está con su dueño, el Almirante Pearlson. La muy condenada, en cuanto llegó a las cercanías de Júpiter, seguramente reconoció el vecindario, porque nos escupió y fue hacia la Tierra a toda velocidad. Al verla regresar a casa sana y salva el Almirante ha estado a punto de soltar una lagrimita.
Confieso que yo también me he emocionado mucho. Me he puesto a pensar en lo increíble que es que una mascota encuentre el camino de regreso a casa desde una distancia tan grande. Y me he acordado de mi gato Schrödinger.
Cuando yo era niño y vivía en el planeta Corianna III, tenía como mascota ese gato. Un día que fuimos de excursión al centro de la Galaxia, Schrödinger se escapó de la nave y cayó dentro del agujero negro. Claro, toda la familia lo dimos por muerto. Pero no, encontró el camino a casa.
Reapareció meses antes. Había escapado del agujero negro convertido en un haz de rayos-X. Yo quería tenerlo en casa, pero mi padre dijo que no, que ya teníamos un gato y que dos eran demasiados. Así que nos quedamos con el Schrödinger-gato y y el Schrödinger-haz de rayos-X entró a trabajar en el Departamento de Radiología del hospital de nuestra ciudad. Allí estuvo feliz hasta que falleció en un accidente laboral al chocar contra un trozo de plomo, curiosamente el mismo día y a la misma hora en que el Schrödinger-gato cayó al agujero negro.
Sí. Los científicos dijeron que no tenía sentido y nosotros nunca lo entendimos. Lo cierto es que se me murió el mismo gato dos veces el mismo día. Y eso marca.
